Presencias

reseñas de artes escénicas

Testimoni de llops (2006)

Impressiò de llops. Reseña del espectáculo de Mal Pelo

Pep Ramis y María Muñoz han compuesto un espectáculo ensayístico en complicidad con la mirada y con las palabras de John Berger. En él recuperan algunos procedimientos compositivos ensayados en Atrás los ojos, jugando con una complejidad mayor de la que, sin embargo, no se hace ostentación en la propuesta visual y escénica (más bien al contrario). La relación bilateral Muñoz – Noble en el solo se ha expandido a una red de relaciones de distinta naturaleza entre los seis intérpretes, que asumen funciones específicas en el interior del espectáculo, y entre éstos y los materiales no-complementarios (sino protagónicos) dados por la música de Noble, la palabra de Berger, los vídeos en esta ocasión de factura propia y la presencia del animal. El resultado es la creación de una atmósfera de sentido, densa de sensaciones pero ligera de formas, en que las diferentes tensiones encuentran el modo de realizar sus dibujos sin caer en los mecanicismos de la superposición o del montaje, aproximándose más bien a una imbricación de tipo orgánico.

La voluntad ensayística se explicita en la primera secuencia, cuando todos los intérpretes en torno a una mesa escuchan, reflexionan y, sin solución de continuidad, inician el movimiento. Poner el pensamiento en movimiento, poner las palabras literalmente en movimiento, redescubrir su fisicidad y hacerlas bailar. El desplazamiento de la mesa constituye una declaración de intenciones. Y aunque rápidamente alejada del centro de la escena, retirada a una posición lateral, su función nunca será marginal, sino más bien determinante. De ella emana el espectáculo, desde ella se lanzan las palabras, las reflexiones, a ella llegan las propuestas de investigación, de ella salen convertidas en acción, en mirada,  en ritmo, en imagen…

Pero lo que se ensaya, el objeto de la investigación, es algo inasequible a la palabra, o bien sólo lateralmente asequible. De ahí que, también de forma inmediata, la palabra se transforme en acción apasionada: el dúo de María y Pep en que los cuerpos, un minuto antes entregados a la escucha, se golpean ahora en la representación de un amor tosco, plagada de tanta belleza y de tanta intensidad que fuerza inevitablemente a la redefinición de lo tosco, a la necesidad de situarse en otra perspectiva en relación a extremos aparentemente irreconciliables como violencia y ternura, pasión e inteligencia, escritura y animalidad.

Desde una distancia rayana en la frialdad, los intérpretes de Testimoni de Llops consiguen afectar al espectador en la memoria de sus sensaciones, disparar dardos sutiles que penetran hasta alcanzar el territorio de lo íntimo y animarle en una indagación paralela a la que se despliega simultáneamente en escena. No se trata de expresar, no se trata de compartir abiertamente, sino de crear las condiciones de una experiencia de lo íntimo asegurada por una elaboración formal que se cuida mucho de no perder en el camino la sinceridad que la alimenta.

La proximidad al lobo no me convierte en lobo, no me anima a comportamientos preverbales, preinstrumentales o amorales: más bien me invita a un juego de miradas, a una asunción humilde de aquello que me hace igual, aquello que me hace más débil y aquello que me hace más poderoso, aquello sobre todo que, en condiciones de igualdad, me permite no desear su muerte, sino hallar el modo de resolver el conflicto, aprender de él y que él me acepte. La paternidad del lobo, la maternidad de la loba, la lucha por la supervivencia, la memoria del padre, el juego del niño.

Que hay algo que nos iguala y algo que nos distancia irreversiblemente queda expuesto en el cuerpo de Leo, en su belleza desnuda, en su presencia acechante, en su exposición no soberbia, en su agresividad construida. Nada más lejos de lo animal que el cuerpo crudo de una de las intérpretes de este espectáculo ensayístico, un cuerpo que resulta imposible contemplar en su pura organicidad, en su mero comportamiento instintivo, un cuerpo al que ha quedado adherido el pensamiento, la palabra, el derecho, la mirada trascendente. Su presencia paralela a la del perro discapacitado invierte las relaciones habituales entre animalidad y moralidad: la precariedad calmosa del animal en contraste contra la inteligencia activa de la mujer que sabe que nunca podrá identificarse con el objeto de su representación.

¿Qué nos queda? El contacto de la piel, el contacto del pelo, el calor de la sangre que circula en nuestro interior y que queremos proteger para que mantenga el ciclo de la vida: por eso nos quedamos en la superficie, por eso renunciamos al exceso y optamos por la pulcritud. ¿Son tan pulcros los animales como estos actores bailarines que dicen sus textos provistos de auriculares y ocupan el espacio con palabras y movimiento sin arrojar aparentemente una gota de sudor? Una vez más la tensión, la paradoja. La mirada convertida en imagen electrónica, la certeza convertida en duda, el acecho en confusión. Pero todo es claro: que estamos aquí y al mismo tiempo estamos en otro lugar, en el recuerdo de nuestra experiencia pasada y en la memoria de nuestro cuerpo ahora cifrado. Nos complace nuestra complejidad tanto como nos emociona la añoranza de otro estado en que nuestro cuerpo desconocía la palabra. Y porque somos capaces de lanzar el discurso y vivir lo inmediato mantenemos la esperanza de una convivencia amigable, intensa y sostenida.

Ahora recuerdo, me refugio en la intimidad, dejo que se abra el silencio.

 

José A. Sánchez

Madrid, 21 de mayo de 2006

>> Leer texto en catalán en el archivo adjunto

  

Publicado en catalán y en inglés en Mal Pelo. Testimoni de Llops, Fundació Caixa Girona, 2006, pp. 12-15.

   

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