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Cómo hacerse una vida autónoma

6/7/2014. >> Leer en Parataxis

La reivindicación de la autonomía de la vida no puede sostenerse en términos individuales, como tampoco podía sostenerse en términos individuales la autonomía del arte. Y la autonomía de la vida no sólo afecta a los humanos. Una vida autónoma es incompatible con la autoexplotación. Pero también es incompatible con la privacidad. Una vida autónoma sólo puede darse en el ámbito de lo común.

Fragmento de una intervención no realizada en la mesa “Habitar la dispersión”, Museo Reina Sofía, 17 de mayo de 2014.

Durante la preparación de esta mesa, en la que intervinimos Esther Belvis, Óscar Cornago, Quim Pujol, Fernando Quesada, Ixiar Rozas y quien escribe, decidimos organizar el debate a partir de una serie de preguntas formuladas colectivamente. La que a mí me tocaba responder era la siguiente: “Si el trabajo ha dejado de ser una actividad propia de la esfera pública para situarse en el ámbito de lo privado, ¿la resistencia a la productividad puede tener una función política o simplemente pone en riego la supervivencia social e incluso la posibilidad de un habitar común? ¿Lo que coloquialmente se llama “perder el tiempo” o “no hacer nada” tiene algún sentido colectivo?”. Por limitaciones de tiempo, no pude responder mi pregunta, y preferí participar más bien en el debate sobre las otras preguntas, que por sí habría dado para una reflexión mucho más dilatada. El texto contiene algunos apuntes para esa intervención no hecha. La intención de estos apuntes no era fijar una posición, sino abrir debates y provocar respuestas.

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Habitar la dispersión